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miércoles, 19 de abril de 2017

MÁS QUE PALABRAS: Después del éxtasis, la colada de Jack Kornfield

Inauguramos la sección Más que Palabras que recopilará una serie de textos recomendados sobre prácticas y ciencias contemplativas.

Comenzamos con un libro imprescindible para todos aquellos practicantes de alguna tradición como el yoga o el budismo, “Después del éxtasis, la colada: Como crece la sabiduría del corazón en la vía espiritual”. Libro lúcido y valiente habla de lo que nadie cuenta, de todo el crisol de experiencias, algunas agradables, otras no tanto, en el camino espiritual. Konrfield aborda el tema desde su visión personal y desde la perspectiva de muchos otros practicantes que han vivido, se han hundido, se han vuelto a levantar, han sufrido el desencanto, han encontrado la gloria, han perdido el sentido de lo que estaban haciendo, han tocado el cielo y después bajado a la tierra, han llorado de tristeza, de alegría, de éxtasis, han progresado de forma paulatina hacia un sí mismo desconocido o se han alejado definitivamente de la práctica.

Jack Kornfield fue monje teravada en Birmania, Tailandia e India. Sabe de lo que habla. En 1974 fundó el Spirit Rock Center donde recibe a personas de toda índole y condición que muestran interés por la meditación. Su testimonio y el de las personas que han compartido su experiencia para que este libro fuera escrito, son un tesoro valioso difícil de encontrar por su exactitud, sinceridad y sencillez.


En España está publicada en la editorial La liebre de marzo y su precio ronda los 20 €

lunes, 10 de abril de 2017

MAESTROS INCLASIFICABLES: THOMAS MERTON

  • T. Merton y   Thich Nhat Hanh


    Thomas Merton fue una persona atípica, un buscador de la verdad y no le detuvo ninguna imposición cultural, ninguna tradición familiar, ningún dogma ni ninguna regla.

    Merton fue monje trapense en el monasterio de Gethsemani (Kentuky) en el que ingresó en 1942. Pero previamente tuvo una vida azarosa. Perdió a su madre a los 6 años y a su padre a los 18. Estudió letras en Reino Unido y en Nueva York. Tuvo un hijo ilegítimo del cual no quiso responsabilizarse y llevó una vida de estudiante bastante frívola hasta que conoció a un monje hindú que le hizo interesarse por el aspecto contemplativo de la espiritualidad. Dicho monje le recomendó leer y profundizar en la mística occidental antes de indagar en la oriental y así lo hizo. Merton se interesó especialmente por San Agustín. En 1938 recibió el bautismo en la religión católica y, tal y como hemos dicho, ingresó en la Trapa en 1942.

    De alguna manera Merton estaba destinado a escribir. Es tremendamente inusual que un monje trapense publique y todavía más raro que lo haga con su nombre secular (como monje recibió el nombre de Louis). Pero Merton había nacido en Francia y conocía bien la lengua. Comenzó haciendo traducciones y comentarios pero pronto su afición a la escritura se convirtió casi en una adicción. La montaña de los siete círculos fue su primer libro. Vio la luz en  1946 no sin dificultad. Contaba con el beneplácito de su abad pero con la firme oposición de la orden. En esta obra narra su conversión al catolicismo. De alguna forma, quizás de una forma muy pasiva pero muy pertinaz Merton logró hacer de la escritura una actividad habitual en contra de las  normas monásticas y restando tiempo a otras prácticas espirituales como la contemplación dato que no deja de ser curioso ya que la contemplación fue su principal motivación para iniciar una nueva vida como monje. 

    En 1949 sufre una fuerte crisis personal que estuvo  a punto de terminar en ruptura con el monasterio de Gethsemani. Desde entonces hasta principios de los 60 la evolución de Merton fue radical: de monje recoleto a activista político de izquierdas. Las profundas diferencias con el abad del monasterio y con la orden en general, provocaron que terminara viviendo en una ermita en los bosques de la abadía. Con el resto de la comunidad sólo compartía oración y rezos, el resto del día vivía solo en la ermita y pasaba las horas contemplando la naturaleza. Pronto la ermita se convirtió en punto de encuentro de filósofos, intelectuales y activistas de la época.

    Los años 60 marcaron un nuevo rumbo en la vida de Merton. Una relación amorosa, un cambio de abad en Gethsemani y el comienzo de su vida pública dando conferencias en Estados Unidos y en otros países del entorno, fueron los aspectos más importantes de esta etapa vital. Pero, sobre todo, lo que influyó en sus últimas obras, líneas de pensamiento y enseñanzas fue su aproximación al budismo donde, parece ser, encontró lo que siempre había estado buscando, desde que conoció a aquel monje hindú que le recomendaría transitar por un camino que, todo parece indicar, no era el suyo. Murió en circunstancias francamente extrañas tras dar una conferencia en Bangkok. Lo encontraron tendido en el suelo de su habitación del hotel en el que se alojaba, con una quemadura en un costado sin que se pudiera determinar la causa concreta de su fallecimiento.

    Merton fue poeta, escritor, docente, revolucionario, ecuménico y, sobre todo, vivió y escribió sin miedo, sin dogmas, sin apegos, con una mente inquieta y abierta. En 1972 se fundó el  Thomas Merton Center en la ciudad de Pittsburg con el fin de aliviar los estragos que estaba dejando la guerra de Vietnam. En la actualidad sigue abierto y pone en marcha proyectos para la paz. Acoge a personas de diferentes filosofías y religiones con este objetivo común.


    Obra de Thomas Merton en castellano (Fuente Wikipedia)

    ·       La montaña de los siete círculos. Edhasa. 2008. ISBN 978-84-350-0981-2.
    ·       Dirección espiritual y meditación. Editorial Desclée de Brouwer. 2004. ISBN 978-84-330-1939-4.
    ·       Orar con los salmos. Editorial Desclée de Brouwer. 2005. ISBN 978-84-330-2009-3.
    ·       Paz en tiempos de oscuridad. El testamento profético de Thomas Merton sobre la guerra y la paz. Editorial Desclée de Brouwer. 2006. ISBN 978-84-330-2100-7.
    ·       El signo de Jonás. Diarios (1946-1952). Editorial Desclée de Brouwer. 2007. ISBN 978-84-330-2148-9.
    ·       La vida silenciosa. Editorial Desclée de Brouwer. 2009. ISBN 978-84-330-2308-7.
    ·       Nuevas semillas de contemplación. Editorial Sal Terrae. 2008. ISBN 978-84-293-1486-1.
    ·       Ascenso a la verdad. Editorial Lumen, 2008, ISBN 978-987-00-0750-0
    ·       Correspondencia (1959-1968). Thomas Merton y Ernesto Cardenal, contiene 90 cartas entre el poeta nicaragüense y el monje escritor norteamericano; Trotta, Madrid, 2003
    ·       Pan en el desierto. editorial Sudamericana, Buenos Aires, 1955. Traducción de Gonzalo Meneses Ocón
    ·       La vida silenciosa. Editorial sudamericana, Buenos Aires, 1958. Traducción de Josefina Martínez Alinari
    ·       La montaña de los siete círculos. Editorial Sudamericana, Buenos Aires, 1950. Traducción de Aquilino Tur
    ·       El signo de Jonás. Editorial Jackson, Buenos Aires, 1954. Traducción de Julio Fernández Yañez
    ·       El Zen y los pájaros del deseo. Kairós, 1994. ISBN: 978847245308


viernes, 10 de marzo de 2017

EL EGO ESPIRITUAL

Nadie está libre de egocentrismo. Tampoco los que seguimos una vía espiritual.
Nuestra autoimagen ilusoria nos persigue y se impone incluso en la ejecución de la práctica, en los actos que consideramos como más puros, en el objeto de nuestra atención o en la aplicación de las enseñanzas.

Quizás el ego espiritual sea el peor de todos porque parte de la base de que somos especiales por habernos entregado al cultivo del espíritu, al autoconocimiento, a la trascendencia.

Con frecuencia, los maestros insisten en la gran suerte que hemos tenido al encontrar el Dharma, la Fe, el camino, el Tao, la vía, la fuente o como se denomine a la práctica espiritual en cada una de las religiones, tradiciones o movimientos. Generalmente nuestro ego tiende a malinterpretar esta indicación y nos hace creer que somos seres especiales que poseemos el tesoro de las enseñanzas a las que otros no tienen acceso, como si, por añadidura, el simple hecho de oírlas nos fuera a infundir sabiduría. Partir de esta base es fomentar la división entre seres humanos, por un lado estamos los “elegidos” y por otro los “ignorantes”, ¡pobrecillos!

 Se da la aparente contradicción de que necesitamos un ego potente para entregarnos a la práctica. El deseo de ser felices, de estar mejor con nosotros mismos y con los demás, suele ser la motivación principal para iniciar la búsqueda espiritual. Generalmente elegimos, la tradición, el movimiento o el maestro de nuestra preferencia y en esta elección influyen, desde luego, criterios racionales pero también factores emocionales. No obstante, la práctica debería dar lugar a una actitud más abierta y más humilde. Entonces ¿cómo saber si nuestra práctica se está pervirtiendo? Dicho en otras palabras ¿cómo reconocer cuándo la vía espiritual la estamos utilizando para engordar el ego? Estas son tres preguntas clave que nos podemos hacer para chequear nuestra práctica:

¿Cuáles son nuestras verdaderas motivaciones? ¿Son las mismas que cuando empezamos? ¿Han cambiado? Si es así ¿en qué sentido han cambiado? Lo que nos mueve a la búsqueda suele ser el deseo de estar en paz, felices, si ahora, la motivación principal es socializar, evadirse, el apego a un instructor o maestro, el refuerzo de nuestras propias creencias, etc., quizás estamos tirando de la vía espiritual para reforzar nuestra propia autoimagen.

Si llevamos muchos meses, años, décadas en esta vía ¿Despreciamos a los recién llegados? ¿Nos dirigimos a ellos con paternalismo, desde la superioridad de nuestra supuesta sabiduría? Hay personas que no han tenido nunca contacto con una corriente espiritual y que, por intuición, educación, inteligencia emocional, o por convencimiento personal, tienen una sabiduría natural que les hace compasivos, atentos y de una ética intachable. Hay personas que no han superado sus aflicciones y viven un auténtico tormento interno tras veinte años de práctica. No hay ningún motivo para creerse superior a otra persona. No hay ninguna necesidad de operar desde una posición de superioridad, más bien, hay que acoger y acompañar a las personas recién llegadas tanto para ayudarles en lo que podamos, como para recibir lo que ellos pueden aportar.

¿Tenemos la necesidad imperiosa de que todo el mundo se entere de nuestras experiencias, conocimientos, conducta, etc. relacionados con la práctica? Entonces el ego nos está gobernando, nos está diciendo: “ya que estás haciendo un esfuerzo, por lo menos que se entere todo el mundo”. Está volcando en los demás la imagen que tenemos de nosotros mismos. Tiene necesidad de protagonismo. Hay apego a la fama y al reconocimiento.

Es interesante hacer esta evaluación con frecuencia, estar al acecho de nosotros mismos, en especial cuando hay cambios tanto en nuestra vida como en el caminos espiritual que hemos elegido.

Para terminar e ilustrar este artículo,  voy a recurrir a uno se los grandes sabios Chan. Estos son unos versos del Xìn Xîn Ming (traducido como Canto al Corazón de la Confianza) del tercer patriarca Chan Jianzhi Sengcan:

            La Vía Suprema no es difícil.
            Tan solo evita la atracción y el rechazo.

            Cuando no hay apego ni odio
            su naturaleza luminosa se manifiesta.

            Pero si se crea la menor diferencia,
            Un abismo separa el cielo de la tierra.